Invertir en conocimiento, genera siempre los mejores intereses

Crédito columna: Claudio Fontana, docente y licenciado en psicología, MBA IAE, terapeuta sistémico.

“La ventaja de ser inteligente es que resulta más fácil pasar por tonto. Lo contrario es bastante más difícil”. Kurt Tucholsky

Desde hace algunos años las universidades están pasando por graves problemas de sustentación, algunas en quiebra o convocatoria, otras cerrando o están a punto de hacerlo, en cualquier caso la razón es la misma; las aulas cada vez más vacías.

Desconocer la actual crisis económica sería una negación poco inteligente, pero no creo que sea la única razón de la falta de alumnos en las casas de estudio, en mi opinión se suman otros factores y entre ellos se destaca la falta de motivación e incentivos con que cuentan. Especialmente los adolescentes para encarar un proceso de formación que ven largo, aburrido, costoso y sin garantías de retribución laboral en el corto plazo.

Recuerdo con claridad a mis padres -de clase media baja, que solo completaron con esfuerzo la escuela primaria-,  estar obsesionados porque mi hermana y yo, alcanzáramos lo que ellos estuvieron lejos de lograr; estudiar en la universidad.

También recuerdo a mis compañeros del secundario debatiendo sobre sus preferencias para elegir carreras y universidades, en ningún caso se priorizaba la salida laboral o el ganar dinero. Solo nos motivaba el sueño lejano de ser licenciados, doctores o ingenieros, sabiendo quizás que la gran mayoría no lo lograría, como finalmente ocurrió. En cualquier caso, la importancia de formarse y aprender estaba fuera de discusión, a pesar que las oportunidades de trabajo eran mucho más abundantes que en el presente, con o sin título universitario.

Soy de los que piensa que el avance tecnológico, inevitable por cierto, atentó contra el trabajo, reemplazando a las personas por hardwares o softwares, menos costosos, más rápidos y especialmente menos problemáticos. Lo que antes demandaba cientos de operarios trabajando al unísono en el mismo lugar, hoy puede reemplazarse por algunas personas en una oficina -o haciendo home office- bien conectados y con una atractiva página web. Sin necesidad de viajar, hacer esfuerzo físico o levantarse temprano, pueden brindar su servicio a los cinco continentes.

Esta realidad no debería ser desmotivante. Muy por el contrario, debería hacernos redoblar esfuerzos para diferenciarnos, con más ganas de aprender para ser más creativos, más competitivos y mejor preparados para enfrentar un mercado demandante y con cada vez menos lugares de privilegio para ocupar. La premisa pareciera ser “asegúreme un buen puesto y hago el esfuerzo de prepararme”. Lamentablemente el único camino que el mundo puede ofrecer es el inverso, “prepárese y tendrá más posibilidades de asegurarse un buen puesto”.

Viajaba en avión casi semanalmente y no concibo abordar el vuelo sin uno o dos libros que me acompañen, por más corto que sea el trayecto, aprovecho para leer entre turbulencias, mensajes de la tripulación, snacks y vasos de telgopor. Incluso en algunos casos he preferido el ómnibus de larga distancia a los vuelos, solo para tener más tiempo de leer y preparar mi trabajo.

Como director académico de varias universidades, me toca ver los listados de interesados por las formaciones que dictamos y en algunos  casos responder consultas al respecto de programas, horarios o contenidos. En la gran mayoría de los casos, la respuesta es un silencio cósmico que atestigua la inseguridad y la falta de interés por parte del interesado, como aquél prospecto dominguero que recorre los pasillos de una tienda y se aleja raudamente cuando siente la presencia cercana de un vendedor.

Aliento a cada persona que conozco a que no resigne su interés por el estudio y la superación personal, por cultivar el conocimiento y la riqueza de pensamiento, esa búsqueda del saber que aumenta la autoestima y la capacidad de enfrentarse con mejores herramientas a las responsabilidades que demanda la vida. Y en cualquier caso si solo importara el éxito y la seguridad económica, no conozco camino alternativo que brinde mayores posibilidades.

Después de todo Benjamín Franklin decía, “Invertir en conocimientos produce siempre los mejores intereses”.

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