Incertidumbre acerca a la industria aceitera a cerrar su peor año desde 2014 – Revista PLUS

Incertidumbre acerca a la industria aceitera a cerrar su peor año desde 2014

La falta de una política industrial clara generó un deterioro muy significativo en la capacidad del sector para competir con las industrias de otros países que se abastecen de los granos paraguayos.

Crédito columna: Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro).

Desde el año 2010, la empresas asociadas a la Cappro generaron un gran flujo de inversiones e incluso consiguieron posicionar a la “elaboración de aceites” como la actividad industrial con mayor saldo de Inversión Extranjera Directa (IED) dentro del país, posición que mantiene hasta la última actualización de este indicador por parte del Banco Central del Paraguay (BCP).

Gracias a las inversiones para habilitar nuevas fábricas, así como para la ampliación de otras ya existentes, se duplicó con creces la capacidad instalada para procesamiento, pasando de 1,91 millones de toneladas con que se cerró en 2012 a 4,42 millones de toneladas en 2013, valor que incluso mejoraría en años posteriores gracias a ajustes que permitieron ampliar la capacidad. El 2013 y el 2014 fueron años de consolidación para la molienda, superando los 3 millones de toneladas procesadas por año en este último.

Sin embargo, en esa misma época se comenzaron a modificar normas que afectan a la competitividad del sector, desalentando otros proyectos de inversión que no se ejecutaron, y la capacidad instalada no ha aumentado, su utilización se ha estancado o disminuido, dando por resultado menores volúmenes de procesamiento en los últimos años.

Esto limita la posibilidad de generar divisas, ya que se exportan productos de menor valor; solamente por la reducción de alrededor de 300 mil toneladas de molienda en comparación a años anteriores se dejan de ingresar cerca de US$ 20 millones.

La falta de una política industrial clara, limita el aprovechamiento de este gran potencial y genera un deterioro en la capacidad del sector para competir con industrias de otros países que se abastecen de nuestros granos, lo que se ve con más claridad desde el 2019, cuando la reforma tributaria igualó a la exportación de productos industrializados a partir de los granos con la de granos en estado natural, a pesar de las diferencias de inversión, llevando el procesamiento a niveles por debajo de lo registrado en el 2015.

A pesar de la buena cosecha de soja, el actual es uno de los peores años para la industria desde la ampliación de la capacidad instalada y si en el último trimestre se procesa al mismo nivel que el promedio de los últimos 3 años no se alcanzaría los 3,3 millones de toneladas y sería el año de peor desempeño desde el 2014.

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