Pobreza y desigualdad: una combinación persistente que afecta al desarrollo – Revista PLUS

Pobreza y desigualdad: una combinación persistente que afecta al desarrollo

Conocer el perfil de la pobreza en Paraguay nos permite focalizarla según grupos de vulnerabilidad, distribución geográfica, sectores de actividad, etc.

Las positivas cifras del incremento macroeconómico paraguayo, junto con el aumento de la pobreza en 2016 y una desigual distribución del ingreso; tornan difícil pensar el crecimiento económico del país en clave de desarrollo.

ANTECEDENTES EN SU MEDICIÓN

La palabra “pobreza” deriva del adjetivo pauper, -“pobre” en latín- y, como tal, está asociada a una condición de escasez o de privación en el bienestar. En particular, la situación de pobreza refleja un estado en el que el nivel de vida de una persona está por debajo de un nivel mínimo aceptable.

La tarea de medir la pobreza no es nueva. En 1901 Seebohm Rowntree publicaba “Poverty, A Study of Town Life”, el primer estudio empírico-científico sobre la temática de la pobreza. En su introducción, Rowntree dejaba claro que su objetivo era “arrojar alguna luz sobre las condiciones de vida de las clases asalariadas (…) y, especialmente, sobre el problema de la pobreza”[*].

A través de encuestas en hogares, Rowntree calculaba una “línea de pobreza” que se basaba, no solo en necesidades alimentarias sino en otras necesidades como el gasto en alquiler, vestimenta y combustible para el hogar. De este modo, el autor consideraba como pobres a los hogares cuyos ingresos estaban por debajo de esta línea de pobreza.

Los hallazgos de Rowntree fueron fundamentales en términos de la implementación de políticas contra la pobreza. A raíz de su publicación, el gobierno del Reino Unido implementó, en 1908, una ley de pensiones no contributivas a la vejez (“Old-Age Pensions Act”) y creó, en 1911, un sistema nacional de salud y de prestaciones por desempleo (“National Insurance Act”). 

EN PARAGUAY

En el país, la medición de la pobreza proviene de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que lleva a cabo la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). Como en otros países en vías de desarrollo, la medición de la pobreza se realiza en términos absolutos, comparando los ingresos monetarios con un umbral mínimo de necesidades básicas tales como alimentos, vestimenta, vivienda, etc. La línea de pobreza no es más que el costo monetario de este umbral.

La DGEEC calcula el costo de una canasta básica alimentaria más el costo de una canasta básica no alimentaria que incluye bienes y servicios tales como vivienda, vestimenta, educación, etc. Mientras que el costo mensual de la primera se denomina “Línea de Pobreza Extrema” (LPE), el de ambas canastas se denomina “canasta básica de consumo” o “Línea de Pobreza Total” (LPT). De este modo, son pobres aquellos hogares cuyos ingresos monetarios per cápita estén por debajo de la LPT y pobres extremos aquellos que estén por debajo de la LPE.

LAS CIFRAS

La última cifra de pobreza indica que, en 2016, casi tres de cada diez paraguayos era pobre (28,9%). Esta cifra no solo refleja la escalofriante realidad de vivir en un país donde más de un cuarto de compatriotas no cuenta con ingresos suficientes para comprar una canasta básica de consumo, sino que, por primera vez en diez años, volvió a crecer la pobreza en Paraguay. Efectivamente, hay que remontarse al año 2006 para encontrar otro empeoramiento en el nivel pobreza.

No solo aumentó la pobreza en el país sino que lo hizo mientras el PIB per cápita crecía un 2,8% respecto al año 2015. El crecimiento económico del 2016 generó más pobres en el país. Y es que, en realidad, la macroeconomía crece pero el ingreso medio per cápita de los hogares paraguayos disminuye. Por segundo año consecutivo, el ingreso por persona disminuyó, un –3,3% en 2016 y un –5,2% en 2015.

Es decir, el positivo desempeño macroeconómico del país no llega, en todo su potencial, a nuestros hogares. Si bien el PIB mide el valor monetario de todos los bienes y servicios producidos en el país, la variable trascendental para entender la pobreza –el ingreso per cápita del hogar– solo mide los ingresos que llegan a las familias (ingresos del trabajo, alquileres, intereses, dividendos, remesas del exterior, jubilación, pensiones, etc.).

La mayor parte de estos ingresos provienen del trabajo (85% en 2016[**]) pero en el 2016, el contexto laboral empeoró: la tasa de desempleo aumentó del 5,4% en 2015 al 6% en 2016. Y no hablemos de la subocupación ni de los efectos de la enorme economía sumergida que convive con nosotros.

Además, persiste la desigualdad en la distribución del ingreso. El 10% más pobre de los paraguayos participa solo del 1,5% del total de ingresos mientras que la participación de los más ricos es 25 veces mayor: 38%. No se mejora en la distribución del ingreso.

El coeficiente de Gini, que mide cuán desigual es una sociedad, sigue siendo elevado, del 0,48923 (0,48599 en 2015) y es aún peor en las zonas rurales del país, donde, en tan solo un año, empeoró notoriamente al pasar de 0,45391 a 0,49135 en 2016.

En conclusión, el año 2016 mostró, en lo social, la más peligrosa de las combinaciones: crecimiento macroeconómico con mayor pobreza y una desigualdad que no mejora. De este modo, nuestro país sigue sin plantear, con seriedad y coraje político, un rediseño de sus políticas públicas –directas e indirectas– que mejoren, por una vez, la redistribución de la riqueza generada entre todos y que lleve los beneficios del crecimiento económico al seno de los hogares paraguayos que, hoy, se ven privados de ellos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[*] Rowntree, B. Seebohm. 1902. Poverty, a study of town life. Londres, Macmillan & co., limited; Nueva York, The Macmillan company, 1902 (Segunda edición).

[**] “Principales Resultados de Pobreza y Distribución del Ingreso (EPH 2016)”, DGEEC. 

Publicada el miércoles 2 de agosto de 2017 en el diario 5días de Paraguay. 

Crédito columna: Ernesto Rodríguez Carámbula, MCS Grupo Consultor.

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